martes, 18 de abril de 2017

ALZHEIMER

Aunque la mayoría de las veces su padre no le reconocía, él lo visitó a diario hasta que se apagó. Después de aquello empezó a colaborar con la residencia, como maestro jubilado que era, enseñando y practicando ejercicios de estimulación cognitiva con los internos afectados de Alzheimer, en una pequeña sala acondicionada como aula.

Le gustaba estar de pie junto a la pizarra, explicando, como si él y sus singulares alumnos tuvieran 50 o 60 años menos.


Durante muchas tardes se dedicó a la tarea de intentar que los demás conservaran la memoria.
 
Pero aquel día se sintió desorientado, entró en el aula y se sentó entre los demás ancianos.
No se acordaba de que él era el profesor.



AUTOR: Rafa Fernández.



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