miércoles, 9 de enero de 2013

NERÓN Y EL MISTERIOSO INCENDIO DE ROMA

La historia cuenta que en Julio del año 64, durante el mandato del emperador Nerón, tuvo lugar un incendio en Roma que fue pasto de las llamas varios días seguidos, quemándose gran parte de la ciudad incluyendo muchos de los monumentos y construcciones más importantes.

Esta información acerca del suceso, parece ser lo único en lo que están de acuerdo la mayoría de los historiadores, porque en todo lo demás concerniente al tema solo hay discrepancias y distintas teorías, sobre todo en cuanto a la autoría del incendio, que desde el principio no ha estado clara y que por falta de datos demostrables es imposible llegar a una conclusión definitiva y lo deja todo en meras especulaciones, principalmente las siguientes:

Entre las posibilidades que se barajan está la opción de que realmente no fuera un incendio devastador, sino un fuego de proporciones menores como muchos otros que hubo a lo largo de la historia de Roma. Esto explicaría porque hay tan pocas referencias escritas sobre el incendio por parte de historiadores o personajes que vivieron en aquellos años y que describieron otros grandes acontecimientos de la época y a este, la mayoría, no le dedicaron prácticamente ninguna atención.

La teoría que más ha transcendido es la que sostiene que Nerón quemó o mandó quemar Roma, porque quería arrasar la ciudad para luego reconstruirla a su gusto, cosa que finalmente hizo gracias al incendio. Lo acusan, además, de acallar las sospechas sobre su implicación, culpando a un grupo de cristianos que, bajo tortura, confesaron la autoría. Algunas décadas después, hubo historiadores (probablemente interesados en demonizar a Nerón) que alimentaron el famoso rumor que llegó hasta nuestros días de un Nerón tocando la lira mientras Roma se quemaba.

En contra de esta teoría están muchos historiadores que aseguran que nada de esto es cierto. Argumentan que Nerón estaba a 50 km. de distancia, de vacaciones como todos los veranos en Anzio, su ciudad natal, por lo que no pudo ser el autor material. Para los que defienden su inocencia tampoco tiene mucho sentido que se lo mandara a otros, porque después del incendio fue el propio Nerón quien envió al ejército a sofocar las llamas, alojó a los damnificados en edificios públicos, favoreció la construcción de nuevas y mejores viviendas hechas de piedra y abarató el precio de alimentos para evitar una hambruna que podría haberse producido fácilmente tras la catástrofe.

Se especula también con la posibilidad de que realmente fueran los cristianos los autores del incendio, debido a que estaban bastante descontentos con Roma porque en sus inicios el cristianismo fue muy perseguido y no estaban bien vistos por casi nadie. Durante el mandato de Nerón se martirizó cruelmente a muchos, entre ellos a San Pedro que fue crucificado boca abajo y San Pablo que fue decapitado.

La última opción barajada es que simplemente fuera un incendio fortuito, iniciado en un descuido en unos puestos que vendían aceite, sin que nadie lo provocara adrede.

En resumen, si en este “juicio” a Nerón le aplicáramos la parafernalia de hoy en día, habría que mantener la presunción de inocencia y su abogado defensor diría que las pruebas de su implicación en los hechos no tienen fundamento y los indicios son insuficientes, por lo que quedaría en libertad. Eso sí, aunque fuera inocente, no se libraría de cargar con la culpa del incendio a ojos de la mayoría. Vamos, exactamente lo que le pasó en su época... y lo que sigue pasando hoy en día.

 
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