viernes, 7 de diciembre de 2012

RECICLAJE DE RESIDUOS DOMÉSTICOS

Todos sabemos que existen distintos tipos de contenedores repartidos por las zonas habitadas, destinados a la recogida de los desperdicios para su posterior reciclaje. Los hay de varios colores y cada uno de ellos está identificado con una clase de residuos concretos. A veces no tenemos claro en que contenedor debemos echar según que desechos o de qué manera tenemos que depositarlos. Para resolver estas dudas tal vez nos  ayude el  siguiente resumen.

Hay que aclarar que en España no hay un criterio unificado en cuanto al color de los contenedores y sus usos. En esta materia, cada ayuntamiento decide de forma independiente la gestión de sus residuos y el sistema de separación en función del tipo de plantas de reciclado que utilicen. No obstante, los colores amarillo, verde y azul tienen un uso bastante estandarizado que coincide en muchos lugares (por ejemplo en Madrid y en Barcelona). En esta descripción se detallan los tipos de desperdicios para los que está previsto cada contenedor y lo que no debemos echar en ellos:

Las posibilidades de reciclado no son las mismas en todos los sitios porque, evidentemente, en una gran capital hay más opciones que en una zona poco habitada, donde es probable que no estén a disposición de los usuarios estos tres tipos de contenedores. En este caso, si tenemos dudas, debemos consultar con el ayuntamiento, que es el que define el tratamiento que dará a estos residuos.

En las grandes ciudades, además de estos tres colores en los que hay bastante consenso, suele haber un color para contenedores de residuos orgánicos, otro para desperdicios sanitarios e incluso uno de "inclasificables" en donde va lo que no tiene cabida en los demás. Los de la fotografía son de Barcelona, donde utilizan el color marrón para la basura orgánica y el color gris para los desechos inclasificables.

A mayores y muy importantes, están los llamados "puntos limpios" que son espacios habilitados por el ayuntamiento para dejar residuos considerados especiales. En ellos hay distintos contenedores para depositar muebles, enseres, electrodomésticos, restos de podas, pequeñas cantidades de escombros, chatarras, neumáticos y todos aquellos residuos generados en los hogares que se consideran tóxicos o peligrosos. Entre estos últimos se cuentan pilas y baterías, fluorescentes, restos de pintura, decapantes, botes de productos de limpieza, aceite mineral o vegetal usados y en general todos aquellos cuya separación de los otros residuos es conveniente porque facilita su gestión.  En este capítulo hay un poco de polémica debido a una investigación del año 2011 de la OCU, en la que hizo un seguimiento mediante GPS a 15 electrodomésticos que depositó en puntos limpios y comprobó que 9 de ellos no se gestionaron correctamente, yendo a parar de forma ilegal a chatarrerías, desguaces, descampados o naves. Hay que tener en cuenta que los ciudadanos pagamos en la compra de cada uno de estos productos, una tasa para un reciclado que realmente solo se hace en un 20% de los casos, siendo optimistas. De ahí las dudas sobre la  gestión de algunos ayuntamientos.

Otros ejemplos de funcionamiento irregular, tienen que ver con los contenedores de recogida de ropa,  que en algunos casos no tienen nada que ver con los ayuntamientos y son ilegales. Para engañar a los ciudadanos guardan la apariencia de desempeñar una función humanitaria, sin embargo, están gestionados por empresas privadas y otras organizaciones con ánimo de lucro. Es un negocio muy rentable porque la materia prima no tiene costo. Ante la proliferación de este fraude, los ayuntamientos se ven obligados a especificar cuáles son los contendores legales, como por ejemplo el caso de Villalbilla (Madrid), que tuvo que aclarar que los contenedores de la empresa "Humana" (foto)  eran  los únicos  legitimados para este fin.

La transparencia y la buena gestión del reciclado ha sido puesta en duda en muchas ocasiones, pero la falta de ética de algunos responsables políticos o la falta de escrúpulos de algunos comerciantes indeseables, no deben hacernos desfallecer en el intento de mejorar nuestro medio ambiente.

En resumen, si estamos concienciados con el reciclaje, debemos empezar por los residuos de nuestra propia casa, separándolos en distintas bolsas siguiendo un criterio de clasificación que varía en función de los contenedores que ponga nuestro ayuntamiento. Aunque cueste un poco al principio, es una buena costumbre que aportará muchos beneficios  para el futuro y que el  planeta nos agradecerá.

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